La felicidad de Carlos Moyá y Carolina Cerezuela

Da envidia ver la vida de algunos famosos, pero más envidia (de la buena) da ver que tienen un vida completa y que son felices: les sonríe la vida. Eso es lo que pasa cuando observas a Carolina Cerezuela y Carlos Moyá. La pareja tras casarse en 2011, este verano de 2013 ya lo están disfrutando de sus vacaciones, con sus dos hijos, en familia. Carla, de casi tres años, y Carlos, de seis meses, son testigos del amor de sus padres que sellaron con una boda en Palma de Mallorca, hace un par de años.

Este verano se les ha visto, navegando por las baleares, pasando unas merecidas vacaciones después de un invierno trabajando y viajando a Miami, dónde el tenista ha tenido más de un compromiso profesional. Pero, esta situación no ha dejado de tenerlos unidos y así lo reconoce Carolina “dormimos los cuatro juntos en dos camas, una de 1,5 metros y otra de 1,8 metros. Y ese momento de hablar antes de acostarse, jugar con los niños, ver un trocito de película o los dibujos… es maravilloso, nos da la vida”.

Así se plantea el verano esta pareja que viaja junta a todos sitios. Retirado ya del tenis profesional, Carlos continúa participando en torneos pero ya no de alta competición. Y, aunque ha tratado de inculcar su amor por este deporte a Carolina, su mujer confiesa que “se me da mejor el pádel, Carlos se aburre de intentar enseñarme jugar al tenis”.

Quien sí ha entrado en el mundo de su esposa es el tenista, que últimamente hace mucha publicidad.

La familia tiene su casa en Madrid, aunque este invierno pasó una larga temporada en Miami, donde él tenía compromisos profesionales. Y es que van juntos a todas partes. Como dice la actriz, “dormimos los cuatro juntos en dos camas, una de 1,5 metros y otra de 1,8 metros. Y ese momento de hablar antes de acostarse, jugar con los niños, ver un trocito de película o los dibujos… es maravilloso, nos da la vida”.

Maravilloso también es la palabra con la que Carolina cerezuela define a su marido, Carlos Moyá: “estoy enamorada hasta de sus defectos. No es que me eche una mano con los niños, es que cría a sus hijos como yo. Y es el primero que dice que no cuando nos proponen un plan sin niños”.

 

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